La producción editorial. Definición

La producción editorial puede entenderse como el conjunto de procedimientos normalizados sucesivos que permiten convertir el manuscrito de un autor en un prototipo capaz de ser difundido en cualquier soporte.

Manuscrito con correcciones.

Manuscrito Un corazón sencillo, antes de ser publicado por Flaubert en 1877. Fuente: Wikimedia Commons.

Antes de entrar en la editorial, el contenido habrá sido sometido por el autor a un intenso proceso de enmiendas, alteraciones, adiciones, supresiones y cambios de lugar conocido con el nombre de escritura. Con este proceso se pretende organizar y plasmar por escrito la información que se desea transmitir, es decir, el mensaje.

Una vez terminada esta fase, los documentos y materiales complementarios que componen el manuscrito cambian de manos. Lo que para él constituye (desde el punto de vista de la creación) un punto final representa para los técnicos editoriales el punto de partida; por eso lo llaman original. Editores y correctores, como conocedores expertos de las claves lingüísticas y de las convenciones gráficas, y sin entrar en la veracidad de las ideas vertidas, depuran el código para que la comunicación con el destinatario final sea óptima. El objetivo último es que el lector descifre cabalmente y en la primera lectura la intención del escritor, y para lograrlo es fundamental:

  1. eliminar el “ruido” (RAE, 5) que, generado durante la escritura, entorpece la lectura; y
  2. depurar el mensaje original para dotarlo de unidad, coherencia, rigor y eficacia expresiva.

Tal vez el término ‘producción’ induzca a confusión. En rigor, su cometido no es producir algo nuevo, no es crear, sino más bien adaptar a unos protocolos preestablecidos unos contenidos ya creados. Esa tarea de adaptación incluye estructurar, unificar, normalizar, corregir y componer.

Si entendemos la edición en su sentido más amplio como una “traducción” de las convenciones de la escritura a las convenciones del lenguaje escrito para publicación, unas sencillas y sabias palabras de Valentín García Yebra aparecidas en su libro Experiencias de un traductor (2006) cobran un valor incalculable para nosotros los editores. El académico y maestro de traductores decía así:

La regla de oro para toda traducción es […] decir todo lo que diga el original, no decir nada que el original no diga, y decirlo todo con la corrección y naturalidad que permita la lengua hacia la que se traduce.